CAZANDO CONEJOS CON EL TORZUELO DE HARRIS
Esta cacería pasa por estar entre las que se asemejan a lo que ocurre en el campo entre predador y presa sin nuestra intervención, más si tenemos en cuenta que la subespecie que manejamos habitualmente está entre las rapaces que más ha desarrollado la caza social. El Harris parece conocer de antemano a su presa, yo diría que antes de eclosionar ya esconde un par de trucos acerca de cómo hacerse con un conejo. Sobra decir que su tamaño idóneo, ágiles proporciones y aparato de agarre fuerte y longíneo, denotan un romance con los lagomorfos tan antiguo como la especie que tratamos. No le resta ésto versatilidad, comportándose como ornitófago y en cetrería lo demuestra cazando aves cuando se dedica a ello o la oportunidad se presenta...
Posee una carga alar (relación entre peso y superficie de sustentación) media, que lo dotan de una habilidad excepcional para dominar la carrera del conejo y recazar en el monte. Todo ésto, unido a una psique de matador nato que se hace más ambicioso con los sucesivos éxitos y la experiencia, lo conviertn además en un buen proveedor de carne silvestre para el guiso.
ELECCIÓN DEL HARRIS
Si no podemos pedir al criador el nivel de exigencia que deberíamos marcarnos nosotros mismos para criar un pájaro intachable, antes de comenzar el trabajo de campo, siempre que podamos elegir, nos acercaremos a la mejor materia prima. Si pensamos en ahorrar a la hora de elegir, lo pagaremos con elevados intereses más tarde. Una dieta pobre así como la consanguinidad favorecen problemas como huesos frágiles, mala pluma, menor tamaño, inferior comportamiento en el campo, mala inmunología, problemas para la reproducción, ataques convulsivos y movimientos incontrolados. Por ello trataremos de hacer una pequeña labor de investigación previa a la adquisición e indagar sobre el historial de otros pájaros criados con anterioridad, visitar "si es posible" el centro de cría, contrastar la crianza recibida y la comida empleada, dependiendo de la transparencia del criador.
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Contrariamente a lo que se piensa, los Harrises no comen cualquier cosa y los pollos son muy exigentes, otra cosa es que subsistan e incluso se reproduzcan con una dieta pobre, embuchándose a vaces a los pollos para que salgan adelante.
Lo ideal es que permanezcan en la muda con los adultos o hermanos un mes tras el descañe, pasar por un amansamiento intensivo y a cazar lo antes posible. Por supuesto son también válidos los pájaros con crianza social. Pero para quien no haya cazado con troquelados, hacer del periodo inmediatamente posterior al descañe uno de evolución física y mental, en vez de uno de adquisición de malas costumbres es difícil.
EL PERRO
Si bien se puede cazar sin perro donde hay mucho conejo, esto es cada día menos frecuente. El tiempo y esfuerzo dedicado a levantar cacería se reduce proporcionalmente a la valía del perro. Nos permitirá relajarnos y disfrutar de su trabajo. Pronto el Harris caza con el perro, limitándonos a cambiar de mancha o terminar el lance.
Algunos Harrises toleran con dificultad al perro, gritan en su presencia o lo atacan, aceptándolo antes si éste produce cacería. Casi cualquier perro que tenga un poco de sangre es útil para cazar conejos, teniendo en cuenta que su oído y olfato están superdesarrollados con relación a los nuestros y poseen el instinto adecuado, cosa que prueba el gusto que toman por su búsqueda cuando los conocen.
Es necesario poner cuidado en que respeten "el agarre del conejo montuno", no arrollando ni disputando la presa a la rapaz o el resultado será un Harris enganchado a la cara de un perro y un conejo que da gracias poniendo tierra de por medio.
Dicho ésto hay razas más adecuadas a nuestro gusto o terreno: podencos, ratoneros, teckels, otros sabuesos, perros de muestra, levantadores (como los spaniels) o el perro de aguas. En concreto he tenido experiencia con éste último; mateando, mostrando en corto y dejándose el rostro para entrar en lo apretado. Sin tener la habilidad innata de un podenco, resultan válidos.
INTRODUCCIÓN AL CONEJO
Antes de sacar al pájaro a cazar es útil dar de comer dar de comer a los Harrises en crianza social sobre un conejo abierto alguna que otra vez, o introducirlo a un señuelo de piel en el caso de un ave de cámara. Lo haremos saltar y correr de un escondite alejándose de nosotros, haciendo pasar un cordel por detrás de un árbol o estaca a modo de polea. De esta forma los torzuelos vencen mejor el reparo inicial a trabar un conejo. No creo necesarios los escapes, es la huida espontánea del conejo lo que despierta al niego, que si está a punto nos sorprenderá y en un instante lo encontraremos sujetando su primera presa.
Todo lo dicho anteriormente necesita del ingrediente fundamental, un cazadero suficiente que nos permita cazar una zona distinta cada día, ya que de otro modo nos resutaría difícil encontrar conejos encamados.
Aunque se puede paliar la falta de esto con técnicas de musculación cuando el trabajo no nos permite practicar cetrería a diario, para el jóven Harris será nefasto y no nos divertiremos con él en cuanto no pase por una fase de abundante cacería. Si es necesario cogeremos vacaciones... El "sacrificio" nos proporcionará, si nos damos arte, un pájaro más o menos hecho a conejos, aunque para darle realmente este calificativo el torzuelo debería dominar varias técnicas: caza al salto desde el puño (sin sujetar pihuelas), la caza en bosque siguiéndonos desde las copas o mejor por delante e incluso dominar el aire; en colinas y cortados esperando arriba de cara al viento aprovechando el revoque.
CARACTERÍSTICAS DEL TERRENO
En función de esto varía la forma de cazar, la ejecución de los lances y el grado de dificultad. Los conejos encamados en pastizales lejos de refugio son sencillos e ideales para un pájaro inexperto. En monte fragmentado con buenos claros la cacería es movida, aumentando las probabilidades de éxito con la distancia entre matas.
En pinar maduro con monte bajo el pájaro avista a menudo los conejos que se escurren por delante realizando largas tiras para controlar, bloquear y picar sobre el conejo cuando se lo levantamos, tras indicarnos él mismo con su mirada, agitando la cola emballestado y a veces con un sonido característico, dónde se esconde.
Su captura será como he dicho, más difícil en función de la altura y continuidad del monte.
En monte de un metro de altura o de hasta dos con discontinuidad sólo un torzuelo veterano traba conejos. Parece que lo intuye sobrevolando raudo la carrera encubierta y nos maravilla haciéndose con el conejo en un pequeño trecho o tras clavarse entre lo espeso. A veces lo encontramos agarrándolo en una postura muy forzada por un cuarto trasero mientras éste chilla a través de la vegetación.
En terreno quebrado y con monte ya es casi imposible. Desde el guante irá a bloquear conejos muy largos y para cuando lleguemos será tarde. Con viento el Harris puede cazar arriba de cara a éste y picar sobre los que movamos con éxito.
Resumiendo, un torzuelo cebado en conejos da la sensación de hacer fáciles los lances pero nunca dejan de ser variados y divertidos. Nuestro torzuelo de Harris nos acompañará durante muchas temporadas y seguro, dada su versatilidad, nos proporcionará también variedad de lances tanto a conejos como a otras presas.
He visto a un torzuelo salir a por un conejo atravesado cruzando un claro. Yo mismo he pensado quizá como él: "fácil, lo va a barrer..." En el último momento el conejo ha saltado un metro, quedando el torzuelo sentado barriendo el polvo sin fuerza moral para recazar.
Un torzuelo en particular veía los conejos y "liebres" encamados. En una ocasión salió a dar el taponazo saltando de la cama el conejo justo antes... pero no se quedó sentado; picado puso el turbo y lo recazó, pasándome la presa literalmente entre las piernas y trabándola con la mitad anterior ya dentro de la cueva, a sólo diez metros de donde se inició el lance.
En terreno despejado el torzuelo ha agarrado conejos en plena carrera, sumando su ímpetu los ha desplazado en el aire para caer unos metros más adelante con él ya sujeto por la cabeza.
Lo que más me acelera el pulso es ver sobrevolar el monte bajo al torzuelo como una hoja en un remolino de viento; virando, cerniéndose, picando, siguiendo las evoluciones del conejo, esperando el mejor momento para golpear, fallando a menudo y recazando para terminar con el pico abierto.
Movido, ¿verdad?. Pues a por ellos que son pocos y cobardes.
Ignacio Moncada Toscano