Me encuentro caminando las praderas, acompañado de mi pasajera de Harris, la cual he estado adiestrando desde los últimos días de Noviembre cuando llego a mis manos, la recibí con 900 grs. de peso y hoy esta en 840 grs. (noventa y tantos días después) no se si será su peso de caza pero anda cerca de mi, es mi primera pasajera y la traigo con marcación personal, registro el peso antes y después de comer, de la comida, el ejercicio, la temperatura promedio y sus reacciones, la he volado entre 810 y 840 grs. creo que hoy es su peso más alto, espero pronto encontrar su peso ideal el más alto, no me gusta estar cerca del hambre torcida como diría el MAESTRO FELIX, ya la he volado en compañía de las excelentes aves de Enrique Medel NATALIA y de la de Eduardo Muñoz y su niega ERA, no he tenido la suerte de cazar pero le veo mucha madera, le he visto unos lances muy serios y muy largos, pero sé que es una polla y que debo de tener mucha paciencia.
Llevamos más de una hora caminando como si fuera día de campo ya que no nos ha salido nada, quisiera tener un enfrentamiento con una liebre para evaluar sus reacciones y tener una idea de su peso de caza. MORGANA creo que así la voy a llamar, se encuentra posada en la parte más alta de un nogal, yo me alejo de ella para llamarle luego con el fin de ejercitarla y de observar si es capaz de venir a mi guante desde lejos, me encuentro frente a un grupo de árboles como a unos 70 mts. de donde se encuentra ella, pensando en que pudiera estar oculta una liebre, rodeo el área buscando sacarla en dirección a mi pájara,
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la liebre salta pero sin correr como si la fueran a matar, pego la grita instintivamente, no sé para que, nunca la ha oído, fracciones de segundo después la veo atacar a la liebre, casi diría calculando el momento de clavar las garras, me parece verla en cámara lenta, ZAZ la traba de las nalgas y por supuesto el arrastre, como las mulillas a los toros muertos, pasan una cerca y se atoran en un maguey, yo corro, me detengo, camino, vuelvo a correr, me paro, no sé que hacer, tengo miedo de que al llegar a ellas se asuste y suelte a la liebre, pero también me preocupa que si no la ayudo la liebre se suelte, me siento como un principiante, al fin llego al sitio, para felicidad mía, ni se asusto y ya la tenía trabada de la cabeza, sacrifico la presa, le cambio las pihuelas de vuelo por las de percha y la amarro a una pata de la liebre, me desinflo, han pasado varios minutos y todavía no alcanzo a expresar la emoción que siento.
La liebre UN LIEBRON de más de tres kilos y medio, estoy súper feliz ya que todo el trabajo ha dado resultado, creo que voy por el buen camino, diría que nos ha salido UNA JUGADA DE PIZARRON.
Marzo del 2003
Oscar Treviño Argüelles